Soy Chito

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Ultra Sierra Nevada - Los latidos del corazón del Veleta

[mk_gallery images="3335" column="1" image_size="full"] Resulta imposible disociar lo deportivo de lo humano en ocasiones con este deporte. Y eso precisamente es lo que me está pasando hoy. Quiero contaros lo que fue Ultra Sierra Nevada. Quiero contaros que mi amiga Yolanda tuvo que conformarse con una medalla de chocolate, que Mario Olmedo vio la luz al final de su propio túnel. Contaros que Gemma no pudo seguir adelante y que, con mucha rabia y con muchas dudas, optó por retirarse a pocos kilómetros de meta. Quiero contaros que Heras y Priadka dieron un espectáculo impresionante en su lucha por liderar la ultra… Quiero contaros todo eso, pero finalmente y como excepción me decantaré por contaros todas aquellas bellísimas cosas que viví. [mk_gallery images="3370" column="1" image_size="full"] Esta historia empezó en Grazalema, un día lluvioso, hace ya un puñado de años. Cerca de mi, mientras narraba la meta de la carrera, había una mujer morena, menuda… Lloraba y abrazaba corredores en la llegada en lo que su llanto se tornaba una sonrisa. A su lado un hombre transmitía la sensación de fortaleza que tal vez le faltaba a aquella mujer. Hace mucho y sólo recuerdo que antes de ir a hablarle a Silvia Álvarez pensé para mis adentros: -¿Hay necesidad de meterse en berenjenales, Chito?... No quise ni responderme y me acerqué a intentar consolar a Silvia diciéndole que no había nada tan importante o tan duro como para llorar de ese modo. ¡¡Ay, Chito… tú y tus oportunos comentarios!! (sólo a veces, por fortuna...) Ahí, en ese mismo instante, en esa dorsal caliza grazalemeña, con el Peñón Grande por testigo, empezó mi relación con Ultra Sierra Nevada y con la familia Soy Montaña. Este año, después de un turno en Campus Wob, donde trabajo cada mes de julio, llegué algo cansado a Sierra Nevada pero con la ilusión intacta. El viernes a mediodía fue de reencuentros con toda la gente. En casa de los “Kala” se vivía con especial intensidad. Volvía Valentí Sanjuan a la ultra y eso nos tenía felices. [mk_gallery images="3328" column="1" image_size="full"] Subimos a Pradollano a disfrutar de la recogida de dorsales y allí nos encontramos con Irene y Pablo. El libro “Correr es más que correr” ya estaba allí físicamente y tuve el honor de que su autora me lo dedicara allí mismo. Cosas bonitas que pasan y que se disfrutan en estos sitios. La organización tenía preparada una sorpresa para Silvia, un fondo especial para ese km 70 de la carrera donde tantos sentimientos se dan cita y un lugar donde se puede decir que empieza Ultra Sierra Nevada: El avituallamiento de Güejar Sierra. [mk_gallery images="3332" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3330,3331" column="2" image_size="full"] Hoy no habría tiempo para dormir, antes de la segunda caña con tapa (obligatorio si pasas por Granada) ya casi era la hora de irnos para la línea de salida en el Paseo del Salón. Llegamos a las once y ya se dejaban sentir los nervios. Miradas perdidas, gente suspirando, compañeros de club animándose en un intercambio de energías que parecía cíclico e interminable. Cada uno con su movida en la cabeza, cada uno con su historia. Eran las 23:40 y una tormenta nos devolvía a la visión de Granada como ciudad donde todo es posible. Allí estábamos, bajo la lluvia de una preciosa tormenta que de cuando pintaba el cielo de azul un día cualquiera del mes de julio. -En Pradollano está cayendo fuerte- nos dijo alguien por allí. Caras de incredulidad. Todo era un sueño. Empezaban los minutos donde las sensaciones se mezclan con el miedo y se forma ese generoso cocktail en la barriga para reventar todo en una salida que tuve la suerte de compartir una vez más con el amigo Depa. Cuenta atrás y todo en marcha. Por delante más de 100 kilómetros que iban a requerir muchas piernas, mucha cabeza y mucha estrategia. [mk_gallery images="3333,3334,3338" image_size="full"][mk_gallery images="3337" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3336" column="1" image_size="full"] La salida de la ultra Para nosotros empezaba también una particular ultra en la que tengo que dar las gracias a la mujer más increíble del mundo (por aguantar toda la noche en vela dando bandazos) y a David Calabuig por ofrecerse para ser nuestro chofer durante toda la noche y descubrirnos desde cerca la jungla de Cebrián. De la salida fuimos a la bajada del Cerro del Sol para ver pasar a los participantes en el km 13. Fuerzas aún intactas, Heras, Oliva, Priadka y Luján por delante en lo que se refiere a chicos y Gemma Arenas liderando en féminas con mucha ventaja sobre la segunda clasificada. Desde ahí nos fuimos a Beas para la salida del Trail en Beas de Granada. Aquello era una verbena. Lo mismo encontrabas a gente que llevaban horas de cubatas que te encontrabas a uno preparándose unas sales en una esquina. Supongo que aquel era el encanto de aquella salida. A las cinco en punto, nos pusimos en marcha… [mk_gallery images="3339,3340" column="2" image_size="full"][mk_gallery images="3341" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3342,3344" column="2" image_size="full"][mk_gallery images="3343" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3345" column="1" image_size="full"] La salida en Beas de Granada Desde allí un corto desplazamiento hasta Quéntar desde donde salió el maratón a las siete de la mañana con mucha participación y un ambiente extraordinario. La salida en Quéntar Desde allí volamos a Güejar Sierra y pegamos una cabezadita en la furgo de David y Silvia antes de poner rumbo a Pradollano para empezar a recibir corredores. En Güejar pudimos disfrutar del corazón de la carrera, el avituallamiento principal donde ver entrar a los deportistas era una auténtica pasada. Una de esas imágenes de éste deporte nuestro que tenemos que exportar al mundo. Gente con la mirada perdida sentada en una silla de plástico, meditando si quedarse allí o si salir a las once de la mañana para enfrentarse a las “Zetas”, o lo que es lo mismo, el infierno hecho sendero. Tuve un precioso momento también de volver a entender este deporte cuando estaba allí en medio, sentado con el equipo de Soy Montaña justo después
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Iván Camps gana la maratón de Desafío Somiedo

El corredor catalán Iván Camps se proclama ganador de la Maratón Desafío Somiedo. [mk_gallery images="3397" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3398,3399" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3400,3401,3402,3403,3404" style="style3"]
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Patricia Muñoz mandó en la MDS

La vallisoletana Patricia Muñoz se proclama vencedora en la distancia maratón del Desafío Somiedo [mk_gallery images="3408" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3409,3407" column="2" image_size="full"]
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Somohano y Clemente firman un momento inolvidable en Somiedo

Juanjo Somohano y Cristofer Clemente entran juntos en la línea de meta de Desafío Somiedo. El corredor asturiano y el canario comparten un momento inolvidable en la meta asturiana. [mk_gallery images="3412" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3413,3414,3415" image_size="full"][mk_gallery images="3416,3417" column="2" image_size="full"][mk_gallery images="3418" column="1" image_size="full"]
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Gemma Arenas, campeona de España de ultra

Gemma Arenas vuelve a demostrar que es una de las corredoras más completas de este país y vence en Desafío Somiedo después de tener que retirarse en Sierra Nevada disputando la Spain Ultra Cup. La gallega Aroa Sío se ha proclamado subcampeona en un carrerón de menos a más y la vasca Mayi Mújica brilló en un tercer puesto muy meritorio por lo disputado de la prueba. [mk_gallery images="3426" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3421,3422,3423" image_size="full"][mk_gallery images="3424,3425" column="2" image_size="full"][mk_gallery images="3434" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3428,3427" column="2" image_size="full"][mk_gallery images="3432,3431,3430,3429" column="4" image_size="full"][mk_gallery images="3433" column="1" image_size="full"]
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El día de las montañas, la vida en las montañas

[mk_gallery title="Cerca de la curva de los mil quinientos" images="3439" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3445" column="1" image_size="full"] Avistábamos la Costa del Sol y Marbella a los pies de Sierra Blanca y de La Concha. El atardecer había sido espectacular. Lo que vino después no fue menos. El cielo se pintó de color rojo y las nubes empezaron a dibujar formas en el cielo a su gusto y elección. Era inevitable estar contemplando aquella luz ardiente y sentirte mínimo. Casi insignificante. Nada más útil que subirte a lo más alto de una montaña para trivializar todos los problemas que podamos tener nosotros, mujeres y hombres del primer mundo. Sacamos unas galletas y un poco de agua. No es nada del otro mundo, pero la subida al puerto de Pilones por el carril tiene su miga. Aquel naranja intenso del cielo se iba haciendo cada vez más rojo y a la sazón más oscuro. Hacía ya casi media hora que una inmensa bola ardiente que había puesto más allá de los dominios de Sierra Blanquilla. Curiosamente había dejado de hacer frío. Al menos daba la sensación de que el viento no soplaba con la violencia que lo hacía en el Puerto de Pilones. [mk_gallery images="3440,3441,3442"][mk_gallery images="3443" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3444" column="1" image_size="full"] Ahora el carril era todo oscuridad. Mantenía con mis compañeros de viaje (Pedro y Miguel) una animada charla cuando descubrimos que una sombra se proyectaba delante nuestra. Era la luna. Casi llena. El espectáculo volvió a ser antológico. Una inmensa bola de luz azul se colaba entre las fantasmagóricas ramas de unos viejos pinsapos y a la sazón las rocas expuestas a nuestra vista todavía recibían el último halo de luz cálida del atardecer. A lo lejos veíamos a un pájaro que se cruzaba en un par de ocasiones delante de la luna. Todo era magia. Todo naturaleza pura. Disparamos una foto y provocamos un atronador silencio que sólo se veía roto por el suave canto de la brisa en las hojas del aquel dinosaurio botánico. En la bajada hasta quejigales nos imaginábamos cómo sería la vida de aquellos arrieros que subían a por la nieve a los neveros situados por encima de los 1600 metros. [mk_gallery images="3448" column="1" image_size="full"] Clack, clack, clack… sonaban los bastones en la bajada. Había sido una tarde vulgar, en mitad de la nada en un futuro parque nacional, pero teníamos la sensación de haber vivido la tarde más mágica del mundo. Eso fue ayer… y hoy lo comparto con vosotras/os. ¡¡Feliz día de las montañas!! [mk_gallery images="3446" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3447" column="1" image_size="full"] ¡Feliz en tu día, Montaña!
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Ese olor a plancha...

[mk_gallery images="3481" column="1" image_size="full"] ¿Y que no nos podamos quitar de la cabeza el olor a plancha? La de los cientouneros es una extraña raza. Una raza que brotó, que ha brotado o que va a brotar del modo más espontáneo. Una suerte de gladiadores que van a la guerra con todo o con lo justo. Pero que ir, van. Cuando se trata de los 101 kilómetros hasta obtener el código se convierte en ceremonia. Todo va aparejado de un rito, de una razón, de un motivo, de un camino. El de la Alameda. Por suerte o por desgracia es complicado comparar al público cientounero con ningún otro. Ni UTMB, ni Titan Desert, ni Zegama, ni Barkley… ni nada. Es un perfil distinto a todos. Un perfil que puede estar parado un año entero, pero que cuando llega la hora de estar ahí para Ronda y para los 101 están los primeros. Hombres y mujeres que no aspiran a correr más que los demás, que no luchan contra su propia marca, que no se preocupan por demasiadas cosas que no sean los kilómetros que separan el campo de fútbol de la Alameda del Tajo por un itinerario determinado. [mk_gallery images="3470" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3471,3472,3473"] Luego, cuando mayo cede el paso al amarillo verano en la Serranía de Ronda, por lo general, el cientounero permanece callado, al amparo de los recuerdos y con su mirada puesta en el mes de mayo siguiente. Nos puede gustar más o menos determinadas cosas: su método de inscripción, su recorrido, la hora de salida… Pero los 101 kms de La Legión tienen algo que te obliga a una segunda lectura, a una segunda impresión. Los 101 se anclaron a lo genuino, a lo único, a lo preciso. Los 101, dicen, tienen algo. Yo creo que sé lo que es: “Los 101 tienen la fórmula”. Empezó como una carrera y se convirtió en confesión y dogma de fe para muchos. Y su público, sus fieles, viven en esa gratitud infinita a los paisajes de Ronda, a las palabras de ánimo de las gentes serranas. Viven en la esperanza de que llegue mayo. Sueñan con llegar de día al cuartel o a Setenil y tienen pesadillas con el clic de un ratón a las diez de la mañana que o te lleva al paraíso, o te lleva a los infiernos. Todo para una tarde de primavera llegar a Ronda y llegar a la Alameda en mitad de un mar de gente que te arrastra de un sitio a otro. Repartir abrazos, buenos deseos y ser optimistas. [mk_gallery images="3474" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3475,3476" column="2"][mk_gallery images="3477" column="1" image_size="full"] Todo para que, de repente, todas las mariposas del mundo se peguen un paseo por tu barriga en el momento que pasas por debajo del arco de meta custodiado por dos legionarios. Todo para que tu cabeza repase lo que has sufrido para llegar hasta allí y para que tu corazón te ordene que adelante, que no debe haber sitio ni lugar para el miedo. Todo para que los tambores de una banda puedan poner tu corazón en 160 pulsaciones sin más esfuerzo que el del su sonido. Todo para que, ese viernes, llegues al final del paseo, al “balcón del coño”, al abismo que hace las veces de Finisterre para esta raza. Todo para ver ese último atardecer antes de que suene la cuenta atrás y el réquiem por un sueño… e irte a dormir sin poder quitarte de la cabeza el olor de la plancha donde unos legionarios echan pinchitos y filetes. [mk_gallery images="3478" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3479" column="1" image_size="full"] A las siete tocarán diana. ¡Mucha suerte! [mk_gallery images="3480" column="1" image_size="full"] ¡La salida!
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El corazón roto en 101 pedazos

[mk_gallery title="Suspendida la XXIII edición de los 101 kilómetros de Ronda" images="3470" column="1" image_size="full"] Me siendo frente a este documento en blanco y vacío de palabras, en calidad de rondeño. Ni como speaker, ni como contador de historias, ni como nada que no sea mi condición de nacido donde nacimos los del 78: En Santa Bárbara y mirando a la ciudad más bonita del mundo. Y como rondeño que soy, me cuesta la misma vida imaginarme un segundo fin de semana de mayo sin los 101 kilómetros de Ronda. Me cuesta pensar que no habrá vehículos militares de un lado para otro y me cuesta aceptar que el dichoso COVID-19 nos va a dejar sin uno de los fines de semana grandes en nuestra ciudad. [mk_gallery images="3485,3486,3487"] Y es la mía fue una generación que creció con aquella carrera que los legionarios organizaban de Ronda a Marbella. Yo llegué a los 101 kms de dos maneras. Primero viviéndolo como medio de comunicación con Localia TV y Radio Coca. Fueron años de contarlo desde la barrera y de salir a grabar en un vehículo militar a distintos puntos una carrera donde por entonces ya participaban un buen número de locos y locas que buscaban "la gloria del ladrillo". [mk_gallery images="3500" column="1" image_size="full"] Más tarde, allá por 2007, llegué de otra manera. De la forma que mucha gente me conoce y me reconoce hoy por hoy. Recibo una llamada de mi compañero Miguel Ángel Mamely. Uno de esos amigos que se acuerda de uno siempre: -Chito, los de los 101 están sin speaker este año y me han pedido a ver si puedo ayudarles a buscar a alguien- Yo acababa de quedarme parado y acepté la afrenta sin hacerme rogar. Aunque me daba bastante pereza estar tanto tiempo sin parar de hablar. Quedé con el capitán Carmona en el Hotel Colón de la calle Jerez y hablamos de las condiciones, los honorarios y lo que tendría que hacer. Carmona me miraba y me animaba: -Te lo vas a pasar bien, chaval- Y vaya si me lo pasé. Durante aquella primera edición tuve cerca de mi a dos tipos que no voy a olvidar porque hicieron que aquello fuera mucho más fácil: El teniente Renedo y el Cabo Francés. Aquello pasó, creo yo, sin pena ni gloria. Pero al año siguiente volvieron a llamarme porque les gustó el resultado. Desde entonces vengo creciendo como speaker y narrador deportivo de la mano de los 101 kilómetros. [mk_gallery images="3488" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3489,3490" column="2" image_size="full"] Esa es la historia de cómo llevo, literalmente, media vida entendiendo el mes de mayo de mi ciudad de esta forma tan bonita y tan especial. Viendo a gente cumplir sus sueños o intentar alcanzar una meta que a la gente normal, que corre distancias normales, les parecería imposible de alcanzar. Y es por eso que me ha cogido la madrugada hoy pensando en lo mucho que perdemos los rondeños. Perdemos estar presentes como una de las pruebas con más participantes de nuestro país. Perdemos ser la prueba que más gente quiere correr en nuestro país. Perdemos un impacto mediático que ya quisiera cualquier corrida, cualquier feria o cualquier evento. Perdemos el café que se toman unos, el bocadillo que se toma otro, el souvenir que compra aquel y la camiseta que se compra su amigo. Perdemos el ambiente, la luz, la alegría, el entusiasmo, la camaradería, el buen rollo, la adrenalina, los reencuentros... ¿sigo? Perdemos el entusiasmo clásico de los rondeños los días siguientes a la celebración de los 101kms donde todos arreglamos la bici o compramos unas zapatillas nuevas porque "EL AÑO QUE VIENE LOS HAGO..." Perdemos la ilusión de una unidad que pone el 101% para que todo salga bien. La Xª Bandera, Caballería, los que vienen de Viator, los voluntarios. ¡Cuánto trabajo para que todo salga bien! Perdemos la emoción del domingo por la mañana escuchando historias de gente que nunca jamás debió meterse en un berenjenal de aquellas dimensiones, pero que reciben la medalla y su sudadera con una devoción que roza lo enfermizo. Perdemos todos... y perdemos tanto. [mk_gallery images="3491" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3492,3494" column="2" image_size="full"][mk_gallery images="3493" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3495,3496,3498" image_size="full"][mk_gallery column="1" image_size="full"] Personalmente os diré que, como muchos de vosotros/as, estoy preparándome para la que será, posiblemente, una de las épocas más duras de los últimos años. Pero la actitud debe ser otra. Tiene que primar la esperanza. Esto es una pájara que vamos a pasar todos: cientouneros, organización, autónomos, empresas... El Coronavirus se va a llevar por delante buena parte del calendario andaluz de primavera (por no decir todo el calendario). Pero yo ya tengo la esperanza en lo que esté por venir. Yo ya pienso que en mayo de 2021 volveremos a vernos. Ojalá sea como pretende el tercio: Un fin de semana con los ciclistas y otro con los marchadores. Así cabremos todos, así cabremos más. No queda otra. Sólo soñar con mayo. Sólo soñar, otra vez, con Ronda, con Tierra Santa, con La Legión. Nos queda eso. Soñar y creer que algún día volveremos con el espíritu de Sufrimiento y Dureza por bandera. Mi más sincero reconocimiento al 4º tercio y sus responsables porque se han tomado las decisiones más coherentes posibles: Una cancelación sin aplazamiento y otra oportunidad para los que han conseguido dorsal. ¡Que sí! Que era algo que estábamos esperando... Pero la realidad es que duele. Duele hasta romperle a uno el corazón en 101 pedacitos. Os dejo toda la información en la página de Canal Charry: http://www.charrytv.com/noticias/ronda/deportes/la-legion-101-kilometros-ronda-xxiii-edicion-suspendida_3689 [mk_gallery images="3499" column="1" image_size="full"] Como me dice un buen amigo cientounero que entiende y comprende el lenguaje de esta prueba: "Ni van a quitar el campo de fútbol, ni la Alameda... y si las quitan, todavía nos queda el monte y la primavera de Ronda" [mk_gallery images="3497" column="1" image_size="full"] Os dejo algunos de los momento que he vivido durante los 101 kilómetros y que he podido recoger con mi gopro para que todos/as sintáis esta prueba un poquito más
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Reorígenes, sabor a fuego lento

Reorígenes es una iniciativa para poner en contacto a pequeños productores de artesanía alimentaria del mundo rural y consumidores ubicados, principalmente, en el mundo urbano. Facilitándole, a estos últimos, el acceso a productos artesanos, tradicionales, saludables y beneficiosos procedentes de pequeños productores diseminados por la Serranía de Ronda. [mk_gallery images="3510" column="1" image_size="full"] Se trata de poner en valor las extraordinarias propiedades y características de estos productos elaborado a mano de forma tradicional, así como los usos y costumbre asociados a la forma de producción y destacando las funciones y beneficios que aportan al Territorio y a los ecosistemas. Y contribuir con la dignificación de la vida rural, la generación de empleo ligado a la puesta en valor del patrimonio de esta Comarca y a la fijación de la población en los entornos rurales. [mk_gallery images="3513" column="1" image_size="full"] Reorígenes busca reconectarte con los olores, sabores y sensaciones de las que alguna vez has disfrutado al degustar un producto natural, artesano, saludable, hecho a fuego lento. Te anima a disfrutar del dulce olor del pan hecho con masa madre, del sabor de las magdalenas elaboradas por nuestras abuelas, saborear la penetrante potencia de los quesos artesanos o de la explosión en el paladar de los aceites de olivas de montaña. [mk_gallery images="3511" column="1" image_size="full"] Se trata de darnos un momento para disfrutar de los frutos de nuestro Territorio, aquellos elaborados con esmero de sol a sol y a fuego lento. Nos hace mucha ilusión compartir contigo este audiovisual que hemos elaborado para transmitir todo lo que hay detrás de Reorígenes. Esta vez sobran las palabras ¡Qué lo disfrutes! Reorígenes. Un puente entre los mundos rural y urbano. [mk_gallery images="3512" column="1" image_size="full"] Reorígenes - El audiovisual
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La Danza Caliza

Hay momentos donde me acerco y siento que me estalla la cabeza. Subir por una carretera angosta, rodeada de centenarios quejigos que apenas dejan pasar los rayos de sol, ver como el musgo inunda con la paciencia que se desplaza un caracol la cara norte de las piedras. Contemplar hasta llegar a un puerto donde los suelos se vuelven áridos y rocosos. [mk_gallery images="3522" column="1" image_size="full"] Estoy llegando a Montejaque a través de la MA-8403 a un ecosistema escondido que en la distancia y lo ignoto, resulta ser poca cosa. Eso sí, cuando detienes el coche y te asomas a la inmesidad del Tajón del Barbero que alberga la Cueva de Hundidero a sus pies y contemplas ese paisaje, ya nunca se te va a olvidar que estuviste allí. Resulta curioso analizar la relación del hombre con el medio en aquel punto, donde lo primero que se observa es como, allá por 1924, la naturaleza frustró los intentos de quienes, entre Tavizna y Taviznilla, intentaron levantar la primera presa de bóveda moderna que hubiera en España. El fracaso fue rotundo. La permeabilidad del terreno convirtió aquella obra en un homenaje a la falta de previsión. Aquel monumento artificial se ha integrado en el paisaje y espera con paciencia convertirse en BIC de carácter industrial y en recurso turístico para la zona. [mk_gallery images="3520" column="1" image_size="full"] Nuestro caminar nos lleva por una pista forestal, dejando a nuestra derecha la Sierra de Montalate y el Hacho y a nuestra izquierda el Torcal de Romanaderos. Uno de esos espacios donde el karst se expresa de una forma caprichosa y desconocida. Un laberinto de carbonato cálcico que viene a dejarte en el Puerto de Gulfos, a los pies del Ventana, junto a los Llanos de María Paula y a la vista de los llanos del Pozuelo. Sobrevuelan nuestras cabezas un buen número de buitres y necrófagas que encuentran en la actividad ganadera el recurso capital que necesitan para alimentarse. [mk_gallery images="3519" column="1" image_size="full"] Transitamos por el primer polje que nos encontramos a unos 900 metros de altura y por un camino que nos muestra tierra fértil a nuestra izquierda donde suele haber habas sembradas dependiendo del barbecho. A nuestra derecha vemos como se levantan los Canchos del Encerradero, Morales, Parauta, Hondón o El Fraile. A los pies de esas atalayas calizas un complejo de simas que hace bueno el dicho de los antiguos de “estas tierras están huecas”. La Sima de Manuel Pérez, Pozuelo I y Pozuelo II. El desasosiego que pudiera provocar pensar en lo complejo de la orografía, las comunicaciones y la climatología desaparece cuando, en mitad del carril, junto a un precioso quejigo, cerramos los ojos y respiramos profundamente. Suenan las cogujadas montesinas desafiando al aire desde los postes de la alambrada. Más allá una bandada de chamarines se confunde con el caótico sonido de un verdecillo que va describiendo el paisaje desde la soledad de un majuelo que habita la era desde que el tiempo es tiempo. [mk_gallery images="3521" column="1" image_size="full"] Pasamos una angarilla y entramos en los Llanos del Baldío y en el Quejigal de la Sierra de Líbar. Un entramado de formas botánicas evocadoras que se entrelazan con aprovechamientos ganaderos y cochinos ibéricos que pacen a sus anchas allí. A lo lejos vemos un par de hembras de ciervo acompañadas de las crías del año que se pierden en el espesor de La Tabarrera. A través de los Llanos de la Cufría aterrizamos en la Fuente del Saucillo donde revolotean las currucas y algún arrendajo. Subimos por la ladera y nos vamos dejando a nuestra derecha el polje por antonomasia, los Llanos de Líbar. En los 1150 metros se suaviza el paisaje y sobre la caliza aparecen los breves prados de tierra fértil de la Angarilla del Artezón. Una vez rebasada, la subida nos va llevando a través de un terreno escarpado dejando a nuestra izquierda la Majada del Cintón y a nuestra derecha el Hoyo del Tabaco. Es precisamente en ese punto donde te encuentras la alambrada donde hace algunos años se estrelló de madrugada una avioneta, con dudoso cargamento, que según parece al entrar en la zona de Líbar se confió en la navegación e infravaloró el muro calizo que se levantaba a 1300 metros. No hubo supervivientes en el accidente, y aquel desastre hizo las delicias de arrieros que subían a la zona para hacer las veces de chatarreros e ir bajando el avión por piezas para venderlo al peso. [mk_gallery column="1" image_size="full"] Llegamos a las Pilas del Tunio, un pequeño torcal que se eleva en las proximidades del Hoyo del Perro y donde hay algo especial. Ni me preguntes, ni te preguntes: Ve y compruébalo. No sé decirte si fuerzas magnéticas, telúricas o naturales, pero allí se respira distinto. Son un conjunto de 6 pilas talladas a golpe de cincel en la misma roca caliza y un pilancón natural. Hasta este punto subían los arrieros hasta principios del siglo XX para verter aguas en estas pilas con el fin de que se congelara durante las heladas nocturnas. Al amanecer recogían el hielo cortándolo con palas. La elección no resulta casual. Estamos probablemente en una de las zonas más frías y con más precipitaciones de toda la Serranía. Hay incluso serios estudios pluviométricos que definen la zona de la Sierra del Palo (término municipal de Benaoján) como la zona con mayor pluviometría de nuestro país. Ahí parece que la Sierra del Palo carda la lana y Grazalema carga la fama. El agua con la que se llenaban las pilas procedía de la cercana Fuente del Saucillo o bien de la propia lluvia. Su uso principal era como refrigerante en las antiguas neveras pero también podían abastecer a los cercanos "Pozos de Nieve" ubicados en una depresión o dolina situada al este. Nos sentamos a tomar un refrigerio mirando “la cara humana” (algunos la conocen como “Cara del Indio” o “Cara del Tunio”) que se levanta en el extremo de aquel torcal y que confiere
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