Ultra Sierra Nevada - Los latidos del corazón del Veleta
[mk_gallery images="3335" column="1" image_size="full"] Resulta imposible disociar lo deportivo de lo humano en ocasiones con este deporte. Y eso precisamente es lo que me está pasando hoy. Quiero contaros lo que fue Ultra Sierra Nevada. Quiero contaros que mi amiga Yolanda tuvo que conformarse con una medalla de chocolate, que Mario Olmedo vio la luz al final de su propio túnel. Contaros que Gemma no pudo seguir adelante y que, con mucha rabia y con muchas dudas, optó por retirarse a pocos kilómetros de meta. Quiero contaros que Heras y Priadka dieron un espectáculo impresionante en su lucha por liderar la ultra… Quiero contaros todo eso, pero finalmente y como excepción me decantaré por contaros todas aquellas bellísimas cosas que viví. [mk_gallery images="3370" column="1" image_size="full"] Esta historia empezó en Grazalema, un día lluvioso, hace ya un puñado de años. Cerca de mi, mientras narraba la meta de la carrera, había una mujer morena, menuda… Lloraba y abrazaba corredores en la llegada en lo que su llanto se tornaba una sonrisa. A su lado un hombre transmitía la sensación de fortaleza que tal vez le faltaba a aquella mujer. Hace mucho y sólo recuerdo que antes de ir a hablarle a Silvia Álvarez pensé para mis adentros: -¿Hay necesidad de meterse en berenjenales, Chito?... No quise ni responderme y me acerqué a intentar consolar a Silvia diciéndole que no había nada tan importante o tan duro como para llorar de ese modo. ¡¡Ay, Chito… tú y tus oportunos comentarios!! (sólo a veces, por fortuna...) Ahí, en ese mismo instante, en esa dorsal caliza grazalemeña, con el Peñón Grande por testigo, empezó mi relación con Ultra Sierra Nevada y con la familia Soy Montaña. Este año, después de un turno en Campus Wob, donde trabajo cada mes de julio, llegué algo cansado a Sierra Nevada pero con la ilusión intacta. El viernes a mediodía fue de reencuentros con toda la gente. En casa de los “Kala” se vivía con especial intensidad. Volvía Valentí Sanjuan a la ultra y eso nos tenía felices. [mk_gallery images="3328" column="1" image_size="full"] Subimos a Pradollano a disfrutar de la recogida de dorsales y allí nos encontramos con Irene y Pablo. El libro “Correr es más que correr” ya estaba allí físicamente y tuve el honor de que su autora me lo dedicara allí mismo. Cosas bonitas que pasan y que se disfrutan en estos sitios. La organización tenía preparada una sorpresa para Silvia, un fondo especial para ese km 70 de la carrera donde tantos sentimientos se dan cita y un lugar donde se puede decir que empieza Ultra Sierra Nevada: El avituallamiento de Güejar Sierra. [mk_gallery images="3332" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3330,3331" column="2" image_size="full"] Hoy no habría tiempo para dormir, antes de la segunda caña con tapa (obligatorio si pasas por Granada) ya casi era la hora de irnos para la línea de salida en el Paseo del Salón. Llegamos a las once y ya se dejaban sentir los nervios. Miradas perdidas, gente suspirando, compañeros de club animándose en un intercambio de energías que parecía cíclico e interminable. Cada uno con su movida en la cabeza, cada uno con su historia. Eran las 23:40 y una tormenta nos devolvía a la visión de Granada como ciudad donde todo es posible. Allí estábamos, bajo la lluvia de una preciosa tormenta que de cuando pintaba el cielo de azul un día cualquiera del mes de julio. -En Pradollano está cayendo fuerte- nos dijo alguien por allí. Caras de incredulidad. Todo era un sueño. Empezaban los minutos donde las sensaciones se mezclan con el miedo y se forma ese generoso cocktail en la barriga para reventar todo en una salida que tuve la suerte de compartir una vez más con el amigo Depa. Cuenta atrás y todo en marcha. Por delante más de 100 kilómetros que iban a requerir muchas piernas, mucha cabeza y mucha estrategia. [mk_gallery images="3333,3334,3338" image_size="full"][mk_gallery images="3337" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3336" column="1" image_size="full"] La salida de la ultra Para nosotros empezaba también una particular ultra en la que tengo que dar las gracias a la mujer más increíble del mundo (por aguantar toda la noche en vela dando bandazos) y a David Calabuig por ofrecerse para ser nuestro chofer durante toda la noche y descubrirnos desde cerca la jungla de Cebrián. De la salida fuimos a la bajada del Cerro del Sol para ver pasar a los participantes en el km 13. Fuerzas aún intactas, Heras, Oliva, Priadka y Luján por delante en lo que se refiere a chicos y Gemma Arenas liderando en féminas con mucha ventaja sobre la segunda clasificada. Desde ahí nos fuimos a Beas para la salida del Trail en Beas de Granada. Aquello era una verbena. Lo mismo encontrabas a gente que llevaban horas de cubatas que te encontrabas a uno preparándose unas sales en una esquina. Supongo que aquel era el encanto de aquella salida. A las cinco en punto, nos pusimos en marcha… [mk_gallery images="3339,3340" column="2" image_size="full"][mk_gallery images="3341" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3342,3344" column="2" image_size="full"][mk_gallery images="3343" column="1" image_size="full"][mk_gallery images="3345" column="1" image_size="full"] La salida en Beas de Granada Desde allí un corto desplazamiento hasta Quéntar desde donde salió el maratón a las siete de la mañana con mucha participación y un ambiente extraordinario. La salida en Quéntar Desde allí volamos a Güejar Sierra y pegamos una cabezadita en la furgo de David y Silvia antes de poner rumbo a Pradollano para empezar a recibir corredores. En Güejar pudimos disfrutar del corazón de la carrera, el avituallamiento principal donde ver entrar a los deportistas era una auténtica pasada. Una de esas imágenes de éste deporte nuestro que tenemos que exportar al mundo. Gente con la mirada perdida sentada en una silla de plástico, meditando si quedarse allí o si salir a las once de la mañana para enfrentarse a las “Zetas”, o lo que es lo mismo, el infierno hecho sendero. Tuve un precioso momento también de volver a entender este deporte cuando estaba allí en medio, sentado con el equipo de Soy Montaña justo después






